El proceso de naturalización y desnaturalización de la vida cotidiana.
Hay una tendencia en la repetición y en la cotidianeidad de nuestro día a día que provoca que, en algún punto, se nos vuelva natural una realidad. Esa construcción de realidad se ve determinada fuertemente por la percepción propia y la experiencia, el lenguaje y la comunicación, la cultura y el contexto social, las construcciones mentales y cognitivas, el sistema de creencias y las ideologías, las interacciones sociales y el poder.
La cotidianidad de algún suceso o acción conduce a su naturalización porque, a medida que nos familiarizamos con una situación, objeto o experiencia a través de la repetición y la regularidad en nuestras vidas diarias, dejamos de cuestionar su existencia o significado. Es la misma rutina y su normalidad la que nos llevan a aceptar lo que nos rodea como algo dado, sin reflexionar críticamente sobre ello.
Esta naturalización puede hacer que pasemos por alto aspectos importantes o problemáticos, ya que tendemos a no prestar atención a lo que se ha vuelto "normal" para nosotros, lo que resulta en una percepción de la realidad que puede estar distorsionada o limitada.
En el momento en que nos percatamos de que aquello que considerábamos natural o dado, puede llegar a ser problemático, injusto o simplemente arbitrario para nosotros, es cuando comenzamos a cuestionarnos lo que en principio o en un momento claramente anterior considerábamos natural o cotidiano. Es allí, cuando se produce la ruptura de lo establecido y comienza el proceso de desnaturalización que conlleva nuevas reflexiones críticas, la salida al encuentro de nuevas experiencias o perspectivas y el desafío de cuestionar aquellas normas sociales, culturales y personales que antes aceptábamos si cuestionar, permitiendo así explorar nuevas formas de ver y entender el mundo.
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